
En estos días en que miles de aromas se posan incesantes en todas partes buscando el rumbo del sentido que los perciba quiero destacar la intensidad con que lo hacen y lo efímeros que resultan. Porque el calor les da fiereza, llamada intensa para que el olfato más simple los recoja, pero transcurren rápidos: las flores se marchitan más rápido, las ventanas se abren y el aire circula llevando y trayendo nuevos; las narices se saturan, la gente pasea por más sitios, se abre a las calles, a los paseos, a los caminos. La gente se topa con miles de aromas.
Al final la nariz se satura, sabe que ha olido , ignora lo repetido. La nariz sabe que ha olido mucho y no le resulta nuevo, cierra a ratitos el olfato. Descansa.
Y mañana , nuevo día de primavera, vuelta a empezar.